Para comenzar el año, traigo a mi blog una obra camerística de Anton Bruckner: El quinteto de cuerdas.
Anton Bruckner fue un compositor y organista austriaco. Nació en Ansfelden, Alta Austria, en el seno de una familia de campesinos, y fue autodidacta como compositor. Su primera obra, una misa de requiem es del año 1849. Hombre de profundas convicciones religiosas, en 1851 comenzó a trabajar como organista en el monasterio de San Florián, cerca de Ansfelden, y entre 1856 y 1868, en la catedral de Linz. Durante su estancia en esta ciudad, estudió durante un breve periodo con el prestigioso maestro de contrapunto Simon Sechter, y compuso tres de sus más importantes obras corales: la Misa en re menor (1864), la Misa en mi menor (1866) y la Misa en fa menor (1867). También es de este periodo su primera sinfonía en do menor (1866). Entre los años 1868 y 1892 fue organista de la corte y profesor del conservatorio de Viena. Compuso nueve sinfonías, (la última, inconclusa), así como obras sacras, orquestales, corales, para órgano y para piano. Murió mientras componía su novena sinfonía en re menor. Su veneración por el compositor alemán Richard Wagner le ganó la animadversión de los músicos y críticos antiwagnerianos de Viena. No obstante, al final de su vida Bruckner gozaba de gran prestigio en su país y obtuvo varios galardones, así como una pensión para el resto de sus días. Contribuyó al desarrollo de la forma sonata mediante la dilatación del material temático en el primer movimiento de sus sinfonías. También amplió la envergadura de estas y adoptó estructuras más amplias que hasta entonces nadie había intentado utilizar. Su orquestación se caracteriza por la alternancia de las distintas familias de instrumentos. Crea de este modo, un efecto coral que muestra la influencia de Wagner y del timbre de su propio instrumento, el órgano.
(El poder de la palabra)
El Quinteto en fa mayor(1881), fue escrito para corresponder a un encargo de Joseph Hellmesberger, entonces director del Conservatorio de Viena y líder de un excelente cuarteto, inmediatamente después de terminar la Quinta Sinfonía, obra de gran audacia contrapuntística de la que el Quinteto tampoco está exento. La composición se extendió desde finales de diciembre de 1878 a mediados de julio de 1879 (cuando el músico había alcanzado cincuenta y cinco años). Pero Hellmesberger mostró poco entusiasmo, desde el principio, hacia el segundo movimiento (Scherzo) y reclamó, en sustitución, un Intermezzo que no fue terminado hasta el fin de 1879. No obstante, el Scherzo primitivo reapareció en la versión definitiva de la obra, estrenada tardíamente, pero con apreciable éxito, por Hellmesberger y su cuarteto, el 8 de enero de 1885, en Viena. y muy felizmente: el Intermezzo, pieza de recambio de dudosa inspiración (especialmente en un vals lento de no buena ley) no ofrece más que un interés muy menor. En verdad, las primeras audiciones más o menos completas habían sido ofrecidas antes por alumnos del compositor, ya en privado (noviembre de 1881), ya en público (abril de 1884, fecha de publicación de la partitura". E! Quinteto tenía ya, pues, una audiencia ... "Sinfonía para cinco cuerdas": esta etiqueta que la obra recibió desde el origen ha sido transmitida de comentarista en comentarista con demasiada facilidad. Ahora bien, el Quinteto -por su clara y muy equilibrada polifonía instrumental, por la multiplicidad y la ligereza de sus ideas (a veces demasiado adventicias y no acabadas)-, de la escritura sinfónica bruckneriana no tiene apenas el espesor, ni el aliento, ni el «perfume de eternidad". Salvo, sin duda, en los últimos compases del Finale, grandioso y de carácter claramente orquestal. Cuatro movimientos integran esta obra cuyo efectivo es el de un cuarteto con adición de una segunda viola.
(F.R.Tranchefort)
La versión escogida es la del Melos Quartett con Enrique Santiago, segunda viola, de un Cd Harmonia Mundi